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Norma Segades - Manias

La margen del Jordán.

Junto a las sacras aguas que cubrieron Su cuerpo mientras Juan
–el Bautista-
mojaba sus cabellos;
bajo el mismo,
grandioso firmamento sin nubes que nos envió el Espíritu
y el mensaje secreto;
en el mismo escenario que hollara la sandalia del casto Nazareno de indulgencia y milagro,
la muerte está cantando su absurdo canturreo…
la muerte está cantando.
Profanaron la tierra,
las márgenes del río,
desde el Mar galileo hasta el gigante Muerto,
las tapias encaladas de aldeas fronterizas,
la sangre que codicia el sediento desierto.
Después de dos mil años de enseñar su doctrina,
Caín sigue agraviando el cuerpo de su hermano con sus perversas manos podadoras de vida…
con sus perversas manos.
La humanidad perece entre roncos gemidos
ante la indiferente eternidad del cielo
que ignora la estallante risa de la metralla
cuando abrasa la carne
su mortífero aliento.
No descienden palomas sobre las quietas aguas.
Ha terminado el tiempo de las voces quemantes
y es demasiado tarde para empezar de nuevo.
Es demasiado tarde…
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